De Congruencias y Discrepancias

EL PUEBLO QUE SACO A EMPARAN (o El Mesías que Nunca Llega)

El título no tiene la más mínima intención de ser patriotero. De hecho es todo lo contrario. Hemos sido eternamente un pueblo que ha entendido pobremente su historia. A mi parecer por una especie de tendencia judeo-cristiana criolla en la que todo lo “bueno” ha de ser cuasi-santificable bajo los preceptos morales del momento actual, y no bajo la realidad objetiva del momento en que ocurrieron los hechos.

Primero que nada, frente al Cabildo no había negros ni indígenas, es más, ni siquiera mulatos. A Emparan lo sacan los “blancos de orilla” debido a que, aun teniendo recursos económicos, no tenían derecho a participar en las actividades comerciales de mayor lucro, tal como el comercio internacional. Esa fue la semilla objetiva del movimiento independentista. En ese contexto la revolución oligarca, que excluye a los no-blancos y que lleva a la creación de la Primera República, fracasa. Más aun, en su gestación la lucha fue contra las autoridades españolas en Venezuela, no contra la corona (recuérdese la Junta Defensora de los Derechos de Fernando VII). Es ante la intransigencia del Rey que se decide ir contra la corona en sí y en pos de la independencia. El rol jugado por los llaneros luchando del lado Realista fue trascendental en la perdida de la Primera República. Después Bolívar enmienda el entuerto e incluye a toda la sociedad colonial dentro de los planes independentistas (no todos cumplidos a la postre), con lo cual se logró su participación activa en la Guerra. El decreto de Guerra a Muerte fue una genial estrategia política. Esto no hace menos loables los esfuerzos patriotas… los hace reales.

Desde que se logra la independencia el país ha estado a la deriva, de reyerta en contrareyerta. Pero lo grave es que nuestra comprensión paupérrima de la historia nos hace llamarlas “revoluciones”, aunque ninguna significó un cambio en las estructuras socio-económicas de la nación. Es algo así como decir que la Polar Pilsen es la mejor cerveza del mundo. Lo paradójico es que a nuestra única revolución histórica se le llama “Guerra de Independencia”, y para colmo no entendemos sus orígenes objetivos. No entendemos tampoco que la “liberación” de los esclavos en el gobierno de Monagas se hizo de manera tal que significó un deterioro en la calidad de vida de los negros, ya que ante la ausencia de una legislación laboral, la “liberación” sólo implicó que perdieran el derecho a la manutención. No entendemos que López Contreras y Medina Angarita fueron los únicos presidentes que cumplieron la labor histórica que en su momento les tocó, y por el contrario se les hacen críticas en términos de legislación electoral que tienen sentido hoy en día, pero no en la Venezuela inmediatamente postgomecista, en la nunca había habido una elección democrática y tenía décadas sin elecciones de ninguna índole.

Lo grave es que esas reyertas han tenido apoyo popular por manipulación y por “hambre”. Peor aún es que siempre ha sido un hambre entre comillas, y jamás en soporte a un movimiento con bases racionales definidas. El chavismo ha querido dibujarnos la historia de un pueblo combativo, con conciencia de clase. Un pueblo socialista, en el que el PCV ganó y fue estafado consuetudinariamente durante tres cuartos del siglo XX. Creo que no es necesario desmentir algo tan falaz. La enorme mayoría de los chavistas duros (esos que no razonan) de hoy fueron adecos ayer y serán otra vaina mañana (populista seguramente). Y lo mismo se puede decir de los opositores radicales. A la izquierda venezolana la mantuvo medianamente viva y con voz el sector de gente con instrucción en el socialismo científico, ese mismo sector moderado hoy excluido del chavismo por pertenecer a la “izquierda exquisita”.  Y es que para el “socialismo” latinoamericano, guiado por el populismo e incongruencias humanistoides y subjetivas, cualquier indicio de solidez teórica es repudiable en cualquier ámbito. Por ello lo importante es formar “profesionales” con retórica populista, aunque su instrucción científica y utilidad social sea pírrica.

Es esa destrucción sistemática de la educación la que les permite llamar “revolución” a este gobierno, que únicamente implicó cierto redireccionamiento del gasto fiscal hacia el “campo social”, con muy contados logros sostenidos y sustentables. En lo más mínimo se logró ni siquiera construir un Estado más eficiente, diversificar la producción nacional y muchísimo menos establecer relaciones socio-económicas de producción más justas.

El socialismo científico no considera al capitalismo como algo bueno ni malo, sino como un orden socio-económico de ciertas características particulares que tienen su origen objetivo en la modificación de las estructuras de producción (y su tenencia) como consecuencia de la revolución industrial. Es más, el marxismo científico establece que la transición al socialismo sólo es factible una vez que las capacidades de producción bajo el sistema capitalista han llegado a un umbral, y que la capacidad de beneficio social ha llegado a un tope (¡si! Marx habla de desarrollo social bajo ciertas condiciones capitalistas). Esto quiere decir que la estructura de producción capitalista ha de ser la base para el socialismo. Tras 15 años de barbarie antisocialista en Venezuela, no sólo se desperdició una oportunidad única históricamente para el desarrollo próspero de la nación, sino que se ha llevado al país a un abismo económico y moral en el que estamos más lejos que nunca de un socialismo racional.

En fin, en Venezuela se llama revolución socialista del siglo XXI a un proceso basado en regalías míseras que son evidentemente insostenibles en el tiempo. Seguimos siendo un pueblo que no comprende que nuestros derechos ciudadanos solo pueden existir sustentablemente en la misma medida en que participemos activamente en los procesos productivos de la nación. Por el contrario, la actitud de mendicidad ante el Estado se ha promovido. Peor aún, se ha inculcado la idea de que los conceptos económicos fundamentales son una invención del capitalismo salvaje. Creo que basta leer los primeros dos capítulos del “Capital” de Marx para entender cuan absurdo es ese concepto gubernamental de una economía solo basada en la bonhomía y la subjetividad.

Llego ahora al llegadero inesperado. Las reservas internacionales en materias no devaluables, como el oro, deben equivaler al potencial de inversión del Estado más la capacidad productiva objetiva del país (industrias y otros medios de producción, sea cual sea su tenencia; es decir, privada o estatal). Ante la imposibilidad de negociar en oro (pues los lingotes no caben en la cartera), se crea un “espejo” en moneda moderna (actualmente dólares o euros debido a su relativa estabilidad). Ello permite al Estado poder negociar teniendo un soporte. Digámoslo así, si un choro se roba todas, absolutamente todas las reservas internacionales, esto debe alcanzarle para comprar todos, absolutamente todos los bienes del país, sin que le sobre nada. Ahora bien, las reservas en dólares tienen a su vez un “espejo” en bolívares (“fuertes”) que es el circulante nacional (recuerden que los billetes dicen “pagaderos al portador en las oficinas del Banco Central”). Supongamos que nuestro querido choro (un pran de Tocorón o algo así) en vez de robarse los dólares, se roba todos los bolívares del país; de igual manera debería alcanzarle para comprar todo sin que sobre nada. Pero si se tiene un gobierno populista empeñado en incrementar el gasto fiscal con fines electoreros a través de regalías (becas malhabidas, bonos, casas regaladas, sin hablar de lo peor: las dadivas a otras naciones) sin que la población participe en los procesos productivos, pues tendrá que emitir más “bolívares” sin respaldo en dólares ni oro para satisfacer el populismo. Entonces cuando nuestro buen hombre de Tocorón se robe el circulante nacional, se encontrará con que le sobra dinero tras comprar todos los bienes de la nación, sin que pueda hacer nada con el “vuelto”. Eso quiere decir que ese excedente no vale nada. Ese es el origen de la inflación. El gobierno cae en un ritornelo de emisión de bolívares sin respaldo, en una especie de “al que le caiga le chupa”, en que el dinero entra a circular y tiene valor para el que llegue primero a intercambiarlo por un bien. Para el que llega tarde no vale nada, o vale menos. La macroeconomía no es tan abstracta, está detrás de cada cola en el abasto. Está también detrás de cada asalto, siendo el fenómeno criminológico más complejo porque entra en juego, además de la falta del valor de la moneda, la falta de educación,  la pérdida de valores morales, y no menos importante: la falta de punición. No es difícil entonces comprender por qué un gobierno populista, al que solo le interesa perpetuarse en el poder, es permisivo con el delito ante la crisis económica y educativa que él mismo ha creado.

Pero sigamos cuesta abajo. El decremento de la producción nacional por falta de inversión, incrementa la necesidad del uso de las reservas internacionales en moneda extranjera para la obtención de bienes en el exterior (importación). Esa es la verdadera explicación de la caída en las reservas internacionales y la fuga de capitales. No las cuatro lochas que usamos los venezolanos para viajar. Entiéndase que si se importa pagando con petróleo (o como dicen los políticos, a través de “acuerdos estratégicos”) también se están mermando las reservas puesto que ello representa una deducción directa de los ingresos netos en dólares.

Entonces, ante la incapacidad estatal de generar un aumento de la producción nacional (pública y privada) que genere un equilibrio macroeconómico, se recurre al control cambiario. Esto con el fin de restringir la salida de dólares y minimizar la cantidad de bolívares “sin respaldo”, y con ello tratar de frenar la inflación artificialmente. Pero con eso se convierte el dólar en una mercancía, introduciendo un nuevo eslabón en la cadena de comercialización entre el productor/importador y el consumidor final, con el respectivo impacto en el precio final. “Comprar dólares” es un término usualmente no comprendido en países sin control cambiario, en donde las monedas se “convierten”. ¡Coño! ¡Un metro son 100 centímetros, no es que con 100 centímetros te compras tremendo metro si es que puedes!

Así, la transformación del dólar en mercancía la genera el gobierno a través de un control cambiario de larga data y a una tasa irreal (es decir, inadecuada proporción oro/productividad nacional/dólares/bolívares). El efecto inflacionario sobre el dólar per se como mercancía es simple consecuencia de que el Estado restringe el flujo de dólares a precio preferencial porque es el propio endeudamiento estatal el que paga el diferencial entre el dólar real (que tampoco es el dólar negro) y el oficial. El subsidio estatal es insuficiente, y se cae en un círculo vicioso y tautológico. Ello ocurre porque la producción nacional (no solo la estatal) ha decaído, o al menos no ha crecido a la misma tasa del crecimiento poblacional de la demanda a fin de mantener equilibradas las reservas internacionales en dólares con el circulante en bolívares (para muestra el microscópico crecimiento de 1,5% del Producto Interno Bruto en 2013).

Esto contribuye a incrementar la vorágine inflacionaria, en la que entra entonces a jugar un rol la especulación por parte de ciertos comerciantes criminales. Pero en una condición de hiperinflación como la venezolana la especulación es un addendum con más tintes de consecuencia (injustificable igual) que de causa. No hay que ser economista para comprender que la etiología real de la hiperinflación no está en las distorsiones del sector terciario, sino en esos severos desequilibrios estructurales en la economía nacional.

Parece injustificable que haya un sector grande de la población que considere inocente al chavismo de la crisis económica. Pero qué podemos esperar de un pueblo al que un cura tuvo que hacerle señas para que dijera que “no” frente al Cabildo. Con el agravante de que doscientos años después se niega a aceptar que la Revolución Independentista fue oligarca en sus inicios, solo porque dicha aceptación la convertiría en “mala” dentro del imaginario popular, el cual en Venezuela parece ser incompatible con la lógica, el análisis y las medias tintas.

En consecuencia es muy fácil entender por qué aparentemente ahora el malo, el ineficiente y el maula es solamente Maduro. Es él quien echó por la borda todos los logros sociales y económicos del Socialismo del Siglo XXI que con tanto sacrificio construyó el comandante Chávez (resulta que ahora, hasta para los “líderes” de la oposición venezolana, Chávez fue un héroe). No es que 14 años de corrupción y medidas populistas, que dieron pie a una merma sostenida de las reservas y la capacidad productiva de la nación, generaron un desequilibrio fiscal insostenible que por carambola terminó de explotar durante la convalecencia del líder. ¡NO!!! No es que hay que repensarnos como nación y entender que debemos contribuir con trabajo al progreso, en vez de esperar dadivas estatales derivadas de la renta petrolera. ¡NO!!! No es que el modelo rentista y populista es insustentable. ¡NO!!! No es las casas gratis y “bien equipadas” para un sector casi exclusivamente no instruido/desempleado e ideologizado de la sociedad es insustentable, además de germen de distorsiones morales. ¡NO!!! El problema son sólo las 3 devaluaciones del último año. ¡Necesitamos otro Comandante! ¡SI!!!

Hay quien me dice que ese descontento del chavismo focalizado contra Maduro es un buen signo. Si claro, lo es dentro de ese país ficticio en donde Bolívar abrazaba a los indios, donde Monagas adoraba a los negros, donde Medina Angarita no es nadie y donde Chávez fue un socialista. Ese país es a la vez muchos más, como en un caleidoscopio, y puede transmutarse con facilidad en aquel donde CAP no fue corrupto y Betancourt fue el padre de la democracia.

Esos aspectos aparentemente antagónicos del caleidoscopio en realidad tienen un mismo origen: una concepción apriorista e irracional de nuestra historia, de nuestro pasado inmediato y por ende de nuestras expectativas futuras.

Los pueblos determinan el matiz de sus gobiernos. ¿Es el pueblo gringo inocente del belicismo de sus gobiernos? No del todo, pues es un pueblo en el que la demostración de poderío militar despierta patriotismo, y por ende afecta la intención de voto. Hasta Bill Clinton, que evadió durante su gobierno guerras a gran escala, se involucró en la guerra de Kosovo con intenciones francamente electoreras. Ya ahora en crisis económica y con un 54% del presupuesto nacional dedicado a la milicia (“gastos de defensa”), el pueblo estadounidense ha empezado a ser más crítico al respecto, y puede notarse cómo el tono pro-militar de los candidatos presidenciales se ha suavizado parcialmente. Inclusive Obama disminuyó en 4% el presupuesto militar sin que los “patriotas” lo desollaran, algo impensable hace 20 años.

En una tertulia venezolana jamás se habla de errores y aciertos de los gobiernos, jamás hay grises, sólo blancos fulgurantes o negros abismales. Jamás se habla de los aspectos que habría que modificar en la nación en términos objetivos, jamás se habla de verdaderos procesos de modernización que impliquen esfuerzo y compromiso social e individual, a mediano y largo plazo. En cambio se habla de “cambios” o de “revoluciones” instantáneas en respuesta a nuestra arquetipal tendencia inmediatista. Se habla de líderes, se habla “de que este si es el hombre”… “aquí Guzmán Blanco echó esta vaina pa’ lante”, o “aquí lo que hace falta es un Marcos Pérez Jiménez”, o “CAP robaba pero se vivía mejor”, o peor aún “aquí hace falta otro Comandante Chávez”… o más espeluznante “aquí hace falta es un Pinochet”. ¿Por qué nuestros políticos mienten? Porque el día que se aparezca un candidato diciendo en campaña electoral lo que hay que hacer para arreglar esta vaina (lo cual sería un proceso de lustros de esfuerzo social) simplemente llegaría detrás de la ambulancia. Mandela resucitado sería un populista embustero, mediocre e ineficiente si entrara en la política venezolana, al ver nuestro comportamiento electoral. ¿O es que se nos olvida que el discurso de todos los candidatos contra Chávez ha sido un simple reflejo del chavismo, con pequeñas diferencias como el tema de las dádivas internacionales?

Mientras las críticas a Maduro no estén concatenadas a una comprensión de los errores garrafales de Chávez (y del chavismo en general), y estos a su vez del entendimiento de las fallas graves de gobiernos adeco/copeyanos; mientras no entendamos que como pueblo hemos sido nuestros propios victimarios y no simples víctimas de los gobiernos, seguiremos estando bien jodidos. Seguiremos esperando al mesías que jamás llegará.

William Bracamonte-Baran

@BracamonteBaran

26 I 2014


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