De Congruencias y Discrepancias

MINORIAS, DEMOCRACIA Y PEROGRULLOS

Quisiera hacer estas líneas más breves que las anteriores (“El Pueblo que Sacó a Emparan”), y para ello se me ocurre empezar con un perogrullo: hay elementos suficientes para considerar que el chavismo ha sido deficiente en el ejercicio de la democracia desde hace mucho tiempo. En efecto ha sido un gobierno plesbicitario, pero ello no es sinónimo de democracia. Sin embargo, quizás la razón más sólida para argumentar eso no es la que solemos esgrimir, por lo cual no redundaré en el abuso de poder obvio de tiempos recientes.

Creo que es fútil seguir discutiendo sobre la validez de las últimas elecciones presidenciales, y en consecuencia también lo es disertar sobre el carácter mayoritario de la oposición. Inclusive ante las actuales manifestaciones es extremadamente difícil determinar con un grado razonable de certeza si algún bando es mayoría.

Pero resulta que la democracia NO se trata de un sistema en el que se gobierna para las mayorías. Es un sistema en el que se gobierna para el pueblo, el cual por definición socio-antropológica es heterogéneo. Desde el desarrollo del derecho romano, es decir, mucho antes de la aparición del concepto de las democracias republicanas, un escollo que siempre se ha tratado de sortear ha sido la representación de las minorías. Ello fue complejo incluso en entidades geo-políticas pequeñas como las Ciudad-Estado romanas. Desde el triunfo de la Revolución Francesa han sido múltiples las variantes que se han tratado de implementar en diversas naciones republicanas para que el pueblo estuviese representado en su totalidad en las instancias de poder, esto es: que la atención a las minorías estuviera garantizada. Los regímenes parlamentarios europeos parecieran haber sido los que lograron este objetivo al menos a medias. Ha sido esto el motor del desarrollo de las ideas políticas democráticas, NO la atención a las mayorías. Allí estriba la diferencia fundamental entre democracia y demagogia.

La existencia per se de las ideas radicales en el gobierno de las naciones está condenada al fracaso por el simple hecho de que su aplicación requeriría un consenso absoluto y total del pueblo, el cual jamás ocurrirá. Ahora bien, la oposición al gobierno venezolano está constituida por múltiples minorías. Son opositores desde chavistas decepcionados hasta empresarios, desde intelectuales con una visión diferente del socialismo hasta personas sin mayor formación política. Dicho segmento opositor de la población parece tener una característica común: pertenecer en su mayoría a la “clase media” en términos socio-económicos.

Supongamos que ese conglomerado es en efecto una minoría. Pues de serlo, es una minoría de más de 40% de la población, y se ha formado con un sesgo socio-económico claro en respuesta al accionar del chavismo. No entremos a discutir si  el sistema de dádivas del gobierno es sustentable y útil a la nación, ni la incapacidad administrativa del gobierno (volvemos a los perogrullos). Este gobierno no es democrático desde el mismo momento en que consideró enemigos apátridas a una minoría gigantesca de la población y se dedicó a pintarlos como una masa homogénea de corruptos adeco-copeyanos y sus lacayos manipulados.

El gobierno se dedicó a arrinconar a los opositores retórica, económica y socialmente, desatendiendo flagrantemente sus exigencias, que no son las de los grandes empresarios. La lucha de los profesionales por una remuneración justa y un sistema de seguridad social que los abarque no atenta en lo más mínimo contra la mayoría oficialista, ni siquiera dentro del marco socialista. No es necesario pretender ser una mayoría aplastante que quizás no somos, ni esconder la enorme proporción clase media que compone a la oposición. Somos una minoría descomunalmente grande que se aproxima a la mitad de la población, y por ende estamos en todo el derecho de exigir, entre miles de cosas, que se nos deje de excluir de ese pueblo al que pertenecemos, y que el beneficio de la mayoría (si es que pueden llamarse beneficios) deje de derivarse de la expoliación de nuestros derechos.

William Bracamonte-Baran

@BracamonteBaran

19 II 2014


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