De Congruencias y Discrepancias

LA FALSA PAZ DE LA CONCERTACION

El único lugar donde una paz plena impera como consecuencia de la concertación, de un status quo ubicuo y homogéneo de sus habitantes, es en los cementerios. Y dudo que sea esa la clase de paz que queremos los venezolanos, sea cual sea el color político. Y por aquello de las ánimas en pena, quizás tampoco haya paz allí… quizás sea que los vivos no vemos el samplegorio.

Se es lo que se es, la cuestión es serlo con ética. Eso es así en todo aspecto, incluso en lo socio-económico. Es ese “saber lo que se es” lo que constituye la conciencia de clase, absolutamente carente en la Venezuela de hoy. Y es precisamente esa falta de conciencia individual dentro del ámbito social la que puede llevarnos la paz indeseable de los camposantos, aunque el chavismo caiga.

La Venezuela del mañana debe pensarse desde hoy, aunque estemos en una atribulación extrema, con tintes violentos de parte y parte. Pero para sorpresa de propios y extraños, pienso que la clave para la paz y un futuro prolífico NO está en la concertación, no está en darnos la mano como hermanos. Eso es una retórica pacifista vacía. ¡Hay hasta chamos de 5 años que nos caen mal! No sé qué hacen esos carajitos, pero son insoportables. Mas los toleramos porque es lo realmente racional, ético y pacifista.

¿Qué mérito pacifista tiene llevarse bien con quien estás en plena sintonía? ¡NINGUNO! La verdadera teoría pacifista, aquella de Gandhi, implicaba la tolerancia y capacidad de convivencia con cualquiera que no fuera un criminal anti-social. El meollo es que seamos socialmente tolerantes a pesar de diferencias marcadas, de cualquier índole: cultural, religiosa o socio-económica. Y resulta que en Venezuela estamos al borde de una guerra civil a pesar de no haber discrepancia religiosa ni cultural significativa.

Entonces, en aras de la paz debemos volver a entender que la convivencia es factible con nuestras diferencias socio-económicas, que son las que en realidad están en diatriba, azuzadas por una década de propaganda divisionista que le ha pretendido dar tintes emotivos artificiales.

Debemos entender que el proletario de hoy en día no es el del siglo XIX. Todo asalariado es marxistamente proletario, desde el clase media alta que recibe un buen sueldo en alguna empresa, hasta el obrero malpagado por el mismo Estado. Si a ello sumamos que los modelos estatistas de socialismo han fracasado, pues queda plenamente claro que ese discurso divisionista del chavismo no tiene asidero alguno, ni siquiera en las teorías más antiguas del socialismo (excluyo de ellas al leninismo y el maoísmo pues son solo propuestas paupérrimas de métodos dominación estatal).

Pero inclusión no es concertación. No es querer disolver diferencias obvias que existen entre la clase obrera y la clase profesional, ambas proletarias paradójicamente. Las diferencias están, y cada sector tiene sus expectativas propias respecto al gobierno. Pero todas deben ser satisfechas sin ir en detrimento de otras, y de una forma socio-económicamente justa y sustentable. Ese es el reto para socialismo moderno.

Nuestra paz implica que discutamos enardecidamente hasta tolerarnos. No toda pelea tiene el mismo fin último, y para muestra están las guerras respecto al boxeo (dudo que Ali y Frazier quisieran matarse). Hay peleas verbales que tienen por fin llegar a un acuerdo y comprensión mutua, y a esas las llamamos “discusiones” y “debates”. Pretender que somos todos iguales socio-económicamente solo llevaría a un gobierno que volvería a desatender a un segmento de la población. No caigamos en el juego del igualitarismo que se plantea ante la situación actual de similares necesidades respecto a inseguridad y desabastecimiento. Esos son extremos de concertación derivados de la ineficiencia de un gobierno al que no vale la pena ni siquiera calificar. Creo que lo rescatable de este conflicto es la comprensión de que una mitad del país no podría funcionar sin la otra… eso nos hace igualmente venezolanos, pero no nos hace iguales en muchos aspectos. Por el contrario nos pone en la cara la responsabilidad de tolerar a aquellos con quienes nunca concertaremos plenamente.

Somos un país heterogéneo, con necesidades variables. Pero todos tenemos derechos por igual. Pintarnos de lo que no somos o querer convencer a otros para que acepten nuestro mismo maquillaje solo puede llevarnos a un tipo de paz: la de la represión estatal… sea la dictatorial de izquierda/derecha, la del chavismo, la adeco-copeyana… o peor aún: la del cementerio.

William Bracamonte-Baran

@BracamonteBaran

24 II 2014

Nota: uso el término “concertación” en su significado lingüísticamente estricto, no en alusión a la oposición anti-pinochestista chilena. 


Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: