De Congruencias y Discrepancias

ENTRE LA ESPADA Y LA PARED… CON EL CHINGO Y EL SIN NARIZ A LOS COSTADOS

Así, acosada simultáneamente por los más temibles proverbios populares, se encuentra la medicina venezolana. Solo ser la reina tuerta en el mundo de los ciegos podría salvarla. Lamentablemente nuestra medicina parece haber padecido también de ceguera desde hace un buen tiempo. Y quiero aclarar vehemente que no me refiero a ceguera científica, sino gremial.

El gobierno de Chávez se dedicó a crear un sistema paralelo de salud puesto que requerían que cualquier logro, por pequeño que fuera, tuviera el sello único de la “revolución”. Mejorar la plataforma de salud ya existente, y evidentemente venida a menos durante los ’90, no le generaría los dividendos políticos esperados puesto que para los pacientes dicha mejora, aunque loable, no sería una obra exclusiva del chavismo. Tal como casi todas las políticas estatales de este gobierno, esto resulto ser un movimiento espasmódico que terminó por colapsar. Ello resulta evidente desde el mismo momento en que se le lanza al ruedo como un plan de contingencia llamado “Misión”,  que jamás terminó de cristalizarse en una institución estable, autónoma y eficiente.

Pero les eran necesarios aún más elementos retóricos para erigirse en los salvadores de la salud del venezolano. Por razones políticas ya conocidas, el sector profesional del país, incluyendo médicos, siempre ha estado escasamente identificado con el chavismo, lo cual para este es sinónimo de traición. Deciden entonces establecer la sinonimia entre “Misión Barrio Adentro” y “labor encomiable de la misión médica cubana”, con lo cual nada, absolutamente nada proveniente del prechavismo estaría asociado con la cruzada por la salud del pueblo. Obviamente, esto vino atado a un agresivo discurso hostil y difamatorio contra el gremio médico en su totalidad, y a la depauperación casi criminal de los sueldos y salarios. Pero ya que una política del gobierno de Chávez parece haber requerido mandatoriamente una incongruencia, entonces se convirtió en el primero en incluir pólizas de seguros privados en prácticamente todos los contratos colectivos de las instituciones estatales.

Se preguntaran entonces dónde está la ceguera gremial médica. Y les respondo con otra pregunta: ¿por qué en Brasil la misión médica cubana en el gobierno de Lula nunca pudo ser establecida debido al rechazo masivo de la población? Hay mucha tela de cortar sobre por qué el respeto hacia el médico se vino perdiendo desde mediados de los ’80, pero creo que en general basta con decir que progresivamente el tecnicismo mermó nuestro rapor humano con el paciente, en asociación a márgenes de ganancia evidentemente debatibles en la medicina privada. Es comprensible que los honorarios dependan del grado de formación del profesional, pero el agregado debido a la necesidad y urgencia que del servicio tenía el paciente llegó a niveles poco éticos. Y no solo en honorarios, sino también en el costo de insumos. Se crea así temprano en los ’90 aquel círculo vicioso microinflacionario entre clínicas y aseguradoras. El problema no es la medicina privada, la cual es necesaria dentro del sistema nacional de salud mixto, sino los matices administrativos que adquirió en Venezuela.

Pero no es de eso que quisiera hablar. Así como el discurso carismático de Chávez caló en el pueblo, de igual manera la empatía del “médico” cubano fue bien apreciada en sectores populares. Y para un sector en pobreza extrema acostumbrado a morirse sin saber por qué, fue relativamente largo el proceso de aprendizaje empírico que permitió identificar la mala praxis. Con esto quiero decir, que el rechazo a los médicos cubanos por su precaria formación apareció después que los garrafales errores se hicieron obvios, lo cual fue tiempo suficiente para que la buena y espúrea impresión inicial generara un impacto de “salvación revolucionaria”.

Y aquí si vamos con la ceguera, y no pretendo generalizar, pero por allá en los ’80 el “rural” (artículo 8 de la Ley del Ejercicio de la Medicina) se cumplía a rajatablas, sin discusión, en donde el diablo perdió las cholas, si era preciso. ¿En cambio qué decidieron hacer muchos recién egresados en los 2000 ante la arremetida del gobierno? Hacer el rural en centros evidentemente urbanos (Salud Chacao, por ejemplo). Con modalidades tales como 1 guardia cada 6 días, guardia cada 7 días con consulta de postguardia, entre otros miles de malabares organizacionales. Por supuesto, no para vagabundear el resto del tiempo, no no no; sino para ejercer ilegalmente la medicina en clínicas privadas, pues si Ud. no ha culminado el rural no puede ejercer en centros poblados de más de 50 mil habitantes. Claro, para los jerarcas de las clínicas era mejor subpagar a un médico rural que contratar a un joven especialista (algo así como ser chicano ilegal y trabajar en Taco Bell). Más aun, muchos decidieron irse del país sin cumplir con el Artículo 8. No critico que la gente decida hacer su vida fuera de su país, pero que no se cumpla con la única retribución que la nación te exige a cambio de una educación universitaria gratuita y de calidad, es simplemente inaceptable. Se perdió una oportunidad preciosa de emprender una campaña en la que, con algo o mucho esfuerzo, hubiésemos demostrado de facto nuestra valía científica y ética, así como nuestro compromiso con el pueblo. Ante el abierto belicismo discursivo del chavismo para el que las elecciones son batallas electorales, las campañas electorales son en realidad movimientos estratégicos, las dificultades son guerras, y las victorias son derrotas del enemigo, al gremio médico le faltó un mínimo olfato estratégico. En cambio, se generó este contubernio que fácilmente le dio argumentos al gobierno, y que fue finalmente eliminado sin que nadie pudiese patalear, porque ya era ilegal de principio.

Pero vamos a los sectores médicos con significativa influencia en las clínicas privadas. No fue sino hasta 2008 que expresaron su inconformidad con el gobierno después que este pretendiera establecer un baremo arbitrario. Es solo ahora que se pronuncian solo porque la crisis de divisas los está casi obligando a bajar la santamaría. Antes se hicieron de la vista gorda, porque en medio de las incongruencias estatales, la ya mencionada inclusión de pólizas privadas en contrataciones colectivas, benefició a muchas clínicas privadas. El efecto se multiplica, pues son muchos de esos médicos empoderados del ejercicio privado lucrativo aquellos que ejercen una muy pobre labor docente, haciendo que el trabajo asistencial en nuestros hospitales recaiga desproporcionadamente sobre el residente en formación.

Pero a esta ceguera y a los ataques del gobierno se suma una amenaza quizás más peligrosa, con posibles implicaciones catastróficas a mediano plazo, y es la de los talibanes dentro de las Facultades de Medicina del país que, por ejemplo, en la UCV quieren imponer una reforma curricular sin asideros. La misma implicaría además de un enroque satánico entre ciencia y empirismo, la reducción de hasta 40% de los contenidos del pensum; y a cuyo análisis quisiera dedicar otro artículo. Jamás la frase “durmiendo con el enemigo” fue más válida.

Afortunadamente, son mayoritariamente residentes jóvenes con mística los que hoy están marchando y peleando por mejores sueldos y condiciones logísticas que permitan atender a los pacientes. Porque digan lo que digan quienes decidieron creer que somos apátridas, nada duele más que tener que cruzar los brazos, peor aún si es por falta de insumos.

So pena de que se me acuse seguir una estructura discursiva “rosa”, quisiera culminar diciendo que he percibido de las nuevas generaciones una renovada actitud ética, con mayor comprensión de la importancia del humanismo y de la responsabilidad que  tenemos con la patria. Ojalá toda esta batalla, que peleamos ineficientemente, no nos haya dejado ciegos, sino tuertos… con suerte seremos como el pez cebra, al que otro ojo le puede salir.

¡Feliz Día del Médico!

William Bracamonte-Baran

10 III 2014

@BracamonteBaran

PD: solo aclaro esto para que no me acusen de hablar sin saber: yo soy médico también.

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