De Congruencias y Discrepancias

LA BOLA DE CRISTAL

Entiendo que este momento histórico del país hace que la disertación pausada tienda a ser impopular y aparentemente inútil. Y de los arrebatos de ira creo que no nos hemos salvado ninguno. Sin embargo, insisto en que metas objetivas y estrategias claras han de definirse. De Sun Tzu en el Arte de la Guerra, y de Maquiavelo en El Príncipe, quisiera rescatar un concepto cardinal. La contraofensiva, en aras de ser eficiente, ha de partir de una comprensión clara de las estrategias del enemigo.

En el desarrollo de las ciencias exactas, el fin último siempre ha sido generar instrumentos, usualmente matemáticos, que basados en un modelo racional (con elementos teóricos y empíricos), permitan predecir las características del sistema que se analiza en un punto del tiempo posterior al actual. John von Neumann hizo brillantes disquisiciones al respecto. Por decirlo lapidariamente, las ciencias buscan predecir el futuro, sin las arbitrariedades de las bolas de cristal que por definición son bruja-dependientes (y no me refiero precisamente a un policía nacional).

Similar concepto puede ser aplicado a las ciencias no exactas, tal como la política y la economía, aunque en estos casos la precisión de las predicciones es considerablemente inferior a la física y la química, por dar solo dos ejemplos.

¿Entonces, cual es la estrategia del chavismo? En Venezuela hemos caído en dos errores trascendentales respecto a esa pregunta: creer que no tienen estrategia, o en contrapartida, creer que son esencialmente leninistas o maoístas. Pienso que ambas premisas son falsas a todas luces, y solo quisiera tratar de delinear lo que creo ha sido la estrategia del gobierno, con la esperanza de que esto aportará algo al desarrollo de una contraofensiva no solo más eficaz, sino también más eficiente, pues el tiempo juega a favor de la destrucción del país.

Sé que la polarización hace que pierda a la mitad de mis lectores cada vez que desarrollo ideas respecto al socialismo… pero tengan algo de paciencia, acuérdense de Maquiavelo y Sun Tzu. El grueso del cuerpo teórico planteado por Marx está enmarcado en la economía política (llamada “economía” a secas desde principios del siglo XX). El hizo brillantes planteamientos sobre los elementos necesarios para la generación de capital, el establecimiento de los costos sociales de los productos y el rol que en ello juega la plusvalía. La distorsión de las ideas hace parecer paradójico que su principal influencia fuera Adam Smith, quien definió por primera vez en la historia de manera objetiva lo que era el capital. No está de más decir que Smith nunca habló de la mano invisible del mercado (lo cual es una interpretación neoliberal moderna de su texto El Bienestar de las Naciones), el planteó que del afán individual de supervivencia y mejora, un impacto social beneficioso aparecería “como guiado por una mano invisible”. Es un concepto perfectamente compatible con el de propiedades emergentes de los sistemas en dinámica no lineal. Ahondar en la real filosofía económica de Marx y de Smith en términos críticos escapa de mi intensión en estas líneas.

Ahora bien, el leninismo y el maoísmo escasamente abordan el tema económico y su eventual estructuración social. Son cuerpos doctrinarios básicamente políticos, que desarrollan la idea de “revolución” y de la metodología para establecer “la dictadura del proletario”, un concepto nefasto dudosamente atribuible  Marx en la manera en que Lenin lo llevó a cabo.

¡Muy bien! ¡El chavismo es un movimiento marxista-leninista modernizado! Y Chávez es el ideólogo detrás de eso. ¡NO!!! Estamos equivocados si así creemos. El verdadero ideólogo del Chavismo no es venezolano. Sorpresa: no es Dieterich. Se llama Jorge Giordani, nacido en República Dominicana. De hecho, Dieterich, quien daba peso fundamental al desarrollo de estructuras de producción socialista en su debatible “Socialismo del Siglo XXI”, se separa del chavismo por sus discrepancias con Giordani.

Giordani es un gramsciano radical confeso (aun no convicto). Antonio Gramsci, filósofo italiano, fuera de sintonía con Lenin, pero tampoco menchevique, hizo planteamientos políticos (no económicos) sobre como perpetuar el comunismo más allá del punto de “no retorno”, abordando el tópico de la dictadura del proletariado de manera distinta a Lenin. Gramsci introduce el concepto de la “hegemonía del partido comunista”, según el cual ha de llevarse el sistema electoral a un punto en el que dicho partido fuera invencible, aunque ello implicara evadir el socialismo económico en las primeras etapas del “proceso”. Después del punto de no retorno, ya la población adoctrinada consideraría inútil futuras elecciones o la existencia de otros partidos políticos. Es él quien desarrolla de manera más nítida el concepto del monopartidismo. Para esto, sucesivas elecciones dentro del “marco burgués” debían ser ganadas por el partido revolucionario, creando un bucle de retroalimentación positiva. Resultaría irrelevante cuáles funcionarios se estuvieran eligiendo, lo importante es que fueran elecciones múltiples y frecuentes.

¿Les suena familiar? Cualquier persona familiarizada con teoría económica sabe que en 15 años no ha habido en Venezuela ninguna medida económica socialista, ni radical ni moderada. No se estatizó el aparato productor del país en su totalidad, tampoco se crearon verdaderas empresas mixtas. En contrapartida se mantuvieron legalizadas las empresas privadas, solo con el fin de utilizar las expropiaciones como instrumento político de intimidación, de la manera más circense posible. Solo ha habido la demagogia populista necesaria para ganar las elecciones e iniciar la “hegemonía del partido”. Después de 2000 más nunca coincidieron las elecciones de presidente con la de gobernadores, ni estas con las de alcalde ni con las de diputados. ¿Por qué? Porque es imprescindible que el número de elecciones sea el mayor posible, para generar la impresión de victorias continuas y frecuentes. Es por eso que se creó un partido único que agrupara múltiples organizaciones progubernamentales, llamado PSUV. La hegemonía requiere la existencia de un partido único… y gigante como el extinto líder. Ha sido un régimen plesbicitario no con fines democráticos, sino todo lo contrario, para generar las condiciones de perpetuación de un partido único, que no es más que una sublimación de la “dictadura del proletario” de Lenin. Es por eso que se han sentido con el derecho de emplear descaradamente los recursos del estado con fines electoreros, y de destruir la economía del país a través de una demagogia indescriptible. Tienen un plan gramsciano claro. No es trivial el ya descarado encarcelamiento de políticos de oposición… ya no guardan ni las formas. Creen que ya llegaron al punto de no retorno, y quizás ahora empiece a haber cada vez más leninismo en la conducción del Estado… ya aplicaron las ideas gramscianas hasta llevarlos al punto de hegemonía del partido… ahora podrían venir las leninistas para establecer la dictadura del proletario. Quizás estamos presenciando una inédita transición gramsciano-leninista.

¿A dónde voy con todo esto? Que debemos comprender lo que están haciendo para poder enfrentarlo. Hasta ahora la conducción económica del país ha tenido el fin único de llegar al momentum político en el que están hoy. Seguir rumiando la idea del desastre económico parece ser inútil, por la sencilla razón que al chavismo no le importa (y han adoctrinado a la población para que tampoco le importe). Hay todo un cuerpo teórico y doctrinario detrás de eso.

Es momento de dejar de sobar la bola de cristal… Tenemos los elementos teóricos suficientes para predecir a dónde van. El camino que sigue este tipo de autoritarismo es diferente al que siguió Castro en Cuba o Pinochet en Chile. Son esos aspectos previsibles del chavismo los que tienen que empezar a ser desenmascarados. De lo contrario seguiremos engañados por la cortina de humo económico que tienen 15 años lanzando. Nuestra ira está en sus planes.

William Bracamonte-Baran

22 III 2014

@BracamonteBaran

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