De Congruencias y Discrepancias

Opinion

INTRODUCCION EXTEMPORANEA

Escrito por bracamonte 09-03-2014 en Opinion. Comentarios (0)

El humano es un ser social por muchísimas razones, siendo la escritura una capacidad única que ha fungido el rol dual de causa y consecuencia de dicho carácter social. Ello hace que quienes escribimos lo hagamos porque creemos que tenemos algo útil que decir, y honestamente es una consecuencia directa el querer ser leídos. Hay quien escribe por convencer, el cual no es mi caso… escribo por abrir una discusión dialéctica que esperanzadamente hará refinar las ideas de todos los involucrados.

Me ha sido virtualmente imposible recibir respuesta de medios de comunicación escritos tanto electrónicos como impresos, lo cual sin duda es una frustración para mí. Ello solo lo ha compensado la amable aceptación que han tenido mis escritos, que ya dejan de ser míos en el momento en que se publicaron.

En aras de seguir disfrutando de esa provechoso intercambio de ideas, y de nutrirlo más aun al poder involucrar más lectores, he decido abrir este blog, a pesar de ser un completo neófito en redes sociales. Espero esto sea una estrategia útil de difusión. Toda, absolutamente toda idea, sugerencia, apoyo difusivo y especialmente sus comentarios críticos, serán apreciados por el mismo corazón que me mueve a escribir estas líneas con el cerebro.

A continuación varios artículos escritos antes de la apertura del blog, y antecediendo los más nuevos…

Muchas gracias

William Bracamonte-Baran

@BracamonteBaran

08 III 2014


DE DESPERTARES Y CONVULSIONES

Escrito por bracamonte 09-03-2014 en Opinion. Comentarios (0)

Lo que ha mantenido enterrado en el fracaso a nuestro país a pesar de los ingentes recursos y únicas condiciones geográficas ha sido el engaño. Pero juzgo que más que el engaño de nuestros gobernantes, lo que nos ha realmente doblegado ha sido el engaño a nosotros mismos como pueblo. Es habernos creído el pueblo que no somos, percibiendo nuestra idiosincrasia como una esbelta figura solo porque nos vemos en el espejo cóncavo de nuestra soberbia, rehusándonos incluso a mirarnos en la superficie plana del enorme mar de petróleo sobre el que estamos sentados, en donde seguro veríamos el bodoque amorfo en que se ha convertido la venezolanidad.

Tenemos más de cien años diciendo que este pueblo finalmente despertó. Nos soltó Morfeo con la mal llamada “revolución libertadora” de Cipriano Castro a finales del siglo XIX, la Generación del 28 nos sacó del letargo, pero fue realmente la muerte de Gómez la que nos dejó despertar en el 36. No se cómo, pero sin saber cuándo nos dormimos, después despertamos múltiples veces en los ‘40 y ‘50, para finalmente espabilarnos en 1958 con la caída de Pérez Jiménez. Sorprendentemente es con el Caracazo que entramos en vigilia. Y fue Chávez quien nos estrujo los ojos para ver un nuevo amanecer. No pretendo ser sarcástico, pero nuestra interpretación de la historia contemporánea hace que la prosa burlesca salga sin ningún esfuerzo. Sería más que ingenuo pensar que este momento aciago con tintes de guerra civil es per se el verdadero e inequívoco despertar. Pudiera serlo, pero no lo ha sido y hay muchísimo riesgo de que tampoco ahora abramos los ojos lúcidamente.

El país ha sufrido convulsiones sociales y políticas, con períodos post-ictales (que son peores que el más profundo de los sueños) por enamoramiento transitorio con los gobiernos o por la fuerza aletargadora de los mismos. Estar despierto es poder percibir conscientemente la realidad y actuar coordinadamente ante ella a fin de adaptarnos. Hasta ahora nunca lo hemos hecho, pues simplemente nos hemos sacudido por algún malestar que espontánea o inducidamente ha calado en algún sector del pueblo. Esto equivale a decir que hemos convulsionado, generando movilizaciones socio-político-económicas mínimamente útiles. Lo que ha variado ha sido el foco ictal. El Caracazo, de origen básicamente humilde, no es más loable que una movilización significativa de la clase profesional. El afirmarlo es caer en la interpretación anacrónica y mal traducida del concepto marxista de proletariado, en el que se eleva al Olimpo únicamente al sector obrero. Resulta que Jesús no fue carpintero… el tipo era albañil, por no decir “todero”… fue un error ancestral de traducción. No dudo que la misma suerte hayan sufrido las palabras “obrero” y “explotación” en las traducciones de Marx.

Quizás por primera vez en la historia ese foco ictal, si bien es aproximadamente uniforme en términos socio-económicos, es sumamente heterogéneo ideológicamente. Ello nos pone en la necesidad no solo de entender a quienes piensan diferente, sino de entendernos a fondo entre quienes tenemos congruencias políticas a priori. Es una oportunidad única de dejar atrás las mentiras y el engaño populista.

Y ello depende en gran medida de la sinceridad de los planteamientos político-económicos que se hagan. La situación logística de la nación es crítica. Es un hecho que no podrá haber soluciones a corto plazo, y someramente las habrá a mediano. Me preocupa que se critique la devaluación de la moneda nacional. Eso hay que hacerlo dentro del marco de un plan organizado. Esto generará un incremento transitorio de la inflación. ¡Sí! ¡Más inflación aun! Pero muy probablemente reversible. No son medidas reñidas con una política socialista racional con visión a largo plazo, pues la justicia social se deriva de medidas a menor escala que la macroeconomía, cuyo balance ha de ser condición sinequenom. No hablo de un paquetazo a lo CAP, pero sí de sinceraciones económicas, con medidas transitorias de protección a los sectores populares, tal como lo hizo Alemania o Japón. Me preocupa que los candidatos de oposición hablen indiscriminadamente de aumentos de sueldos y salarios, cuando eso redundaría solo en mayor desequilibrio fiscal, que no se hable abiertamente de la insustentabilidad económica y moral de las casas gratis y “bien equipadas”, de la necesidad de aumentar progresivamente el costo de la gasolina… que no se hable de la improductividad de la nación y el rol que como ciudadanos jugamos en ella… La lista es infinita, porque veo que las congruencias entre el discurso chavista y opositor es más extensa de lo que la razón puede concebir, básicamente porque no aceptamos ser señalados ni asumimos compromisos. En otras palabras: porque no queremos despertar, aunque siempre hayamos vivido una pesadilla. Aquello de que el pueblo es sabio es un eufemismo utópico. Sabio era aquel pueblo paciente de Alí, que al cantar de guacharacas sabía calcular el tiempo, no el de la criminalidad y mendicidad urbana de hoy, amparada por el Estado.

¿Vamos a seguir mintiéndonos y pidiendo a gritos que nos mientan? ¿Para qué? ¿Para entrar en otra luna de miel post-ictal? ¿Para perder de nuevo la oportunidad de despertar? Eso nos llevaría a convulsionar de nuevo dentro de diez años, entonces ante una noxa aparentemente diferente, pero que en realidad sería la misma: nuestra propia mentira.

William Bracamonte-Baran

@BracamonteBaran

06 III 2014


LA FALSA PAZ DE LA CONCERTACION

Escrito por bracamonte 09-03-2014 en Opinion. Comentarios (0)

El único lugar donde una paz plena impera como consecuencia de la concertación, de un status quo ubicuo y homogéneo de sus habitantes, es en los cementerios. Y dudo que sea esa la clase de paz que queremos los venezolanos, sea cual sea el color político. Y por aquello de las ánimas en pena, quizás tampoco haya paz allí… quizás sea que los vivos no vemos el samplegorio.

Se es lo que se es, la cuestión es serlo con ética. Eso es así en todo aspecto, incluso en lo socio-económico. Es ese “saber lo que se es” lo que constituye la conciencia de clase, absolutamente carente en la Venezuela de hoy. Y es precisamente esa falta de conciencia individual dentro del ámbito social la que puede llevarnos la paz indeseable de los camposantos, aunque el chavismo caiga.

La Venezuela del mañana debe pensarse desde hoy, aunque estemos en una atribulación extrema, con tintes violentos de parte y parte. Pero para sorpresa de propios y extraños, pienso que la clave para la paz y un futuro prolífico NO está en la concertación, no está en darnos la mano como hermanos. Eso es una retórica pacifista vacía. ¡Hay hasta chamos de 5 años que nos caen mal! No sé qué hacen esos carajitos, pero son insoportables. Mas los toleramos porque es lo realmente racional, ético y pacifista.

¿Qué mérito pacifista tiene llevarse bien con quien estás en plena sintonía? ¡NINGUNO! La verdadera teoría pacifista, aquella de Gandhi, implicaba la tolerancia y capacidad de convivencia con cualquiera que no fuera un criminal anti-social. El meollo es que seamos socialmente tolerantes a pesar de diferencias marcadas, de cualquier índole: cultural, religiosa o socio-económica. Y resulta que en Venezuela estamos al borde de una guerra civil a pesar de no haber discrepancia religiosa ni cultural significativa.

Entonces, en aras de la paz debemos volver a entender que la convivencia es factible con nuestras diferencias socio-económicas, que son las que en realidad están en diatriba, azuzadas por una década de propaganda divisionista que le ha pretendido dar tintes emotivos artificiales.

Debemos entender que el proletario de hoy en día no es el del siglo XIX. Todo asalariado es marxistamente proletario, desde el clase media alta que recibe un buen sueldo en alguna empresa, hasta el obrero malpagado por el mismo Estado. Si a ello sumamos que los modelos estatistas de socialismo han fracasado, pues queda plenamente claro que ese discurso divisionista del chavismo no tiene asidero alguno, ni siquiera en las teorías más antiguas del socialismo (excluyo de ellas al leninismo y el maoísmo pues son solo propuestas paupérrimas de métodos dominación estatal).

Pero inclusión no es concertación. No es querer disolver diferencias obvias que existen entre la clase obrera y la clase profesional, ambas proletarias paradójicamente. Las diferencias están, y cada sector tiene sus expectativas propias respecto al gobierno. Pero todas deben ser satisfechas sin ir en detrimento de otras, y de una forma socio-económicamente justa y sustentable. Ese es el reto para socialismo moderno.

Nuestra paz implica que discutamos enardecidamente hasta tolerarnos. No toda pelea tiene el mismo fin último, y para muestra están las guerras respecto al boxeo (dudo que Ali y Frazier quisieran matarse). Hay peleas verbales que tienen por fin llegar a un acuerdo y comprensión mutua, y a esas las llamamos “discusiones” y “debates”. Pretender que somos todos iguales socio-económicamente solo llevaría a un gobierno que volvería a desatender a un segmento de la población. No caigamos en el juego del igualitarismo que se plantea ante la situación actual de similares necesidades respecto a inseguridad y desabastecimiento. Esos son extremos de concertación derivados de la ineficiencia de un gobierno al que no vale la pena ni siquiera calificar. Creo que lo rescatable de este conflicto es la comprensión de que una mitad del país no podría funcionar sin la otra… eso nos hace igualmente venezolanos, pero no nos hace iguales en muchos aspectos. Por el contrario nos pone en la cara la responsabilidad de tolerar a aquellos con quienes nunca concertaremos plenamente.

Somos un país heterogéneo, con necesidades variables. Pero todos tenemos derechos por igual. Pintarnos de lo que no somos o querer convencer a otros para que acepten nuestro mismo maquillaje solo puede llevarnos a un tipo de paz: la de la represión estatal… sea la dictatorial de izquierda/derecha, la del chavismo, la adeco-copeyana… o peor aún: la del cementerio.

William Bracamonte-Baran

@BracamonteBaran

24 II 2014

Nota: uso el término “concertación” en su significado lingüísticamente estricto, no en alusión a la oposición anti-pinochestista chilena. 


LA EMOTIVIDAD DEL GASTO vs LA RACIONALIDAD DE LA INVERSION

Escrito por bracamonte 09-03-2014 en Opinion. Comentarios (0)

Si usted proviene del seno de una familia funcional, probablemente solo dos cosas sean seguras en su vida: que algún día morirá, y que hasta ese día amará a sus padres. Eso casi sin importar lo que ellos hagan. Es un sentimiento ajeno a la censura del superyo. Prácticamente no hay razonamiento que modifique sustancialmente ese amor. La razón puede sugerir que sus  progenitores actuaron mal en ciertos aspectos, pero una emotividad casi pulsional vendrá al rescate del amor filial.

El aparato psíquico humano ha alcanzado ese nivel de complejidad debido a que hemos de adaptarnos, no solo al entorno objetivo, sino al psiquismo de nuestros interlocutores. Y la especie humana ha persistido precisamente porque la emotividad pura está restringida a aspectos muy puntuales de la vida en donde el amor parece ser real y necesario. Para todos los demás ha de predominar la razón para una existencia socialmente saludable.

Creo que está de más decir que el amor no debe estar envuelto en aspectos meramente objetivos. Por mencionar solo algunos de la miríada que ello implica: la administración y la política. El amor social puede ser el detonante para que alguien decida dedicarse a la política o a una actividad científica. Pero que el amor sea la guía de su accionar subsecuente es antagónico a la eficiencia en dicho ámbito. En resumidas cuentas, involucrar al amor en la administración de las naciones es el acto más demagógico que pueda existir. Para eso existen otros términos que no apelan a la emotividad, tal como la conciencia social, la eficiencia económica y la calidad de vida. El pueblo ha de elegir a quienes dirijan la nación en base a resultados objetivos en cuanto a sustentabilidad de las políticas económicas, el progreso social y el económico.

Apelar a la emotividad pura para dirigir los destinos de las naciones ha dejado tristes secuelas, como el ultranacionalismo y el nacionalsocialismo. Lo grave de la situación es que esos “líderes” han estado plenamente conscientes de que invocaban un amor falso, solo con la finalidad de evocar una emotividad en el pueblo que les permitiera mantenerse en el poder. Por otra parte tampoco es trivial que eficientes presidentes democráticos hayan tenido caídas exponenciales de su popularidad tras dos años de gobierno (no me refiero a ningún caso venezolano, obviamente). Y hay esencialmente dos razones: primeramente las acciones de un verdadero gobierno democrático jamás serán plenamente populares pues deberán atender a diversas minorías dentro de la población, lo cual hace que ciertas políticas tengan costos en términos de popularidad. Por otra parte, el adecuado análisis racional de las políticas gubernamentales llevará a la crítica de las mismas, y con ello a un saludable decrecimiento de la popularidad de la figura del mandatario, aunque el proyecto político permanezca intacto. Tal es lo ocurrido con los múltiples gobiernos de la “Concertación” en Chile después de Pinochet y antes de Piñera.

Claro está que la demagogia emotiva no es suficiente para atornillar a un proyecto en la dirección de un país. Allí es donde entra en juega el “gasto”, y me refiero al gasto social. Ese accionar demagógico lo definiré por antagonismo al definir primero a la “inversión social”. No emplearé la definición del DRAE de inversión, pues me parece estéril. En términos reales, el Estado invierte socialmente en la medida en que los recursos dedicados a mejorar las condiciones de vida de la población logran a mediano y largo plazo incrementar la productividad económica del país. Y aclaro que desde las actividades intelectuales hasta las artísticas, pasando por las industriales, contribuyen a hacer al país más productivo. Solo así se logra que el sistema de beneficios sea sustentable en el tiempo. En contrapartida, si el dinero que va al “sector social” no redunda en generar una población más educada y productiva, es un simple y vulgar “gasto social”, que será insustentable, y será solamente el perfecto acompañante de la retórica emotiva para perpetuar a un partido en el poder. Es esa la clase de combinación nefasta la que genera una sospechosa popularidad sostenida en 55% a lo largo de 15 años, y que aberraciones tales como decir que “aún con hambre sigo con este gobierno” sean posibles. Es así como se habla de una “Patria Amada” sin que la gente sepa la diferencia entre País, Nación, Estado, Gobierno y Patria. Es así como el “Plan de la Patria” es un libelo desordenado, garrapateado a trozos por una sola persona. Es así como se genera una sambumbia de patria con socialismo con líder con oligarcas con burguesía con misiones… sin que haya el más mínimo cuerpo teórico detrás. Es así como se saca a la razón de juego en algo que debería ser meramente racional.

No es por amor que un gobierno debe hacer medicina preventiva, es porque la curativa es más cara. No es por amor que se educa a la población, es porque ello disminuye el delito y además genera mano de obra calificada. No es por amor que debe acabarse con el delito, es porque cada asesinato merma la capacidad productiva del país y además incrementa el éxodo. No es por amor que el delito debe prevenirse aparte de castigarse, es porque cada preso cuesta un montón de dinero, si es que se le quiere recluir en condiciones humanas. No es por amor que debería haber políticas habitacionales racionales, es porque mejoran directa e indirectamente la productividad de la población y además generan una conciencia moral y ética de lo que significa adquirir una vivienda. No es por amor que se subsidia a ancianos y personas con discapacidades, es porque todos seremos uno de ellos. Un buen gobierno es eficiente, NO POR AMOR, sino por lograr el desarrollo de la nación. El bienestar es una propiedad emergente de un sistema cuyos componentes progresan. Solo con verdadero bienestar social podrá haber amor en el pueblo. El amor es un asunto electivo en el seno del pueblo porque allí no hay las coerciones que existen en el falso afecto entre gobernantes y pueblo.

Pero a un pueblo educado, racional y no alienado emotivamente tiene que importarle poco la razón objetiva que mueve al gobierno, solo nos importa que el gobierno genere “inversión social” productiva, sustentable en el futuro y que mejore nuestra calidad de vida. Además, ello ha de hacerlo el gobierno aún a sabiendas de que la figura al mando podría cambiar; porque no importa cuán buena sea, dialécticamente siempre aparecerá alguien mejor, pues hegelianamente la calidad de la antítesis depende de la tesis.

Un proyecto que se haya basado en un “gasto” social indiscriminado, excluyente e ineficiente, en conjunto a promover emotividades cercanas al odio (paradójicamente como complemento del “amor” al caudillo), con un extinto líder que incluso moribundo corrió por una elección sólo por creerse indispensable, y que para colmo aún hoy sigue invocando lealtad a ese difunto… es un proyecto que fue, es y será insustentable… y que estuvo, está y estará condenado al fracaso…

William Bracamonte-Baran

@BracamonteBaran

23 II 2014


MINORIAS, DEMOCRACIA Y PEROGRULLOS

Escrito por bracamonte 09-03-2014 en Opinion. Comentarios (0)

Quisiera hacer estas líneas más breves que las anteriores (“El Pueblo que Sacó a Emparan”), y para ello se me ocurre empezar con un perogrullo: hay elementos suficientes para considerar que el chavismo ha sido deficiente en el ejercicio de la democracia desde hace mucho tiempo. En efecto ha sido un gobierno plesbicitario, pero ello no es sinónimo de democracia. Sin embargo, quizás la razón más sólida para argumentar eso no es la que solemos esgrimir, por lo cual no redundaré en el abuso de poder obvio de tiempos recientes.

Creo que es fútil seguir discutiendo sobre la validez de las últimas elecciones presidenciales, y en consecuencia también lo es disertar sobre el carácter mayoritario de la oposición. Inclusive ante las actuales manifestaciones es extremadamente difícil determinar con un grado razonable de certeza si algún bando es mayoría.

Pero resulta que la democracia NO se trata de un sistema en el que se gobierna para las mayorías. Es un sistema en el que se gobierna para el pueblo, el cual por definición socio-antropológica es heterogéneo. Desde el desarrollo del derecho romano, es decir, mucho antes de la aparición del concepto de las democracias republicanas, un escollo que siempre se ha tratado de sortear ha sido la representación de las minorías. Ello fue complejo incluso en entidades geo-políticas pequeñas como las Ciudad-Estado romanas. Desde el triunfo de la Revolución Francesa han sido múltiples las variantes que se han tratado de implementar en diversas naciones republicanas para que el pueblo estuviese representado en su totalidad en las instancias de poder, esto es: que la atención a las minorías estuviera garantizada. Los regímenes parlamentarios europeos parecieran haber sido los que lograron este objetivo al menos a medias. Ha sido esto el motor del desarrollo de las ideas políticas democráticas, NO la atención a las mayorías. Allí estriba la diferencia fundamental entre democracia y demagogia.

La existencia per se de las ideas radicales en el gobierno de las naciones está condenada al fracaso por el simple hecho de que su aplicación requeriría un consenso absoluto y total del pueblo, el cual jamás ocurrirá. Ahora bien, la oposición al gobierno venezolano está constituida por múltiples minorías. Son opositores desde chavistas decepcionados hasta empresarios, desde intelectuales con una visión diferente del socialismo hasta personas sin mayor formación política. Dicho segmento opositor de la población parece tener una característica común: pertenecer en su mayoría a la “clase media” en términos socio-económicos.

Supongamos que ese conglomerado es en efecto una minoría. Pues de serlo, es una minoría de más de 40% de la población, y se ha formado con un sesgo socio-económico claro en respuesta al accionar del chavismo. No entremos a discutir si  el sistema de dádivas del gobierno es sustentable y útil a la nación, ni la incapacidad administrativa del gobierno (volvemos a los perogrullos). Este gobierno no es democrático desde el mismo momento en que consideró enemigos apátridas a una minoría gigantesca de la población y se dedicó a pintarlos como una masa homogénea de corruptos adeco-copeyanos y sus lacayos manipulados.

El gobierno se dedicó a arrinconar a los opositores retórica, económica y socialmente, desatendiendo flagrantemente sus exigencias, que no son las de los grandes empresarios. La lucha de los profesionales por una remuneración justa y un sistema de seguridad social que los abarque no atenta en lo más mínimo contra la mayoría oficialista, ni siquiera dentro del marco socialista. No es necesario pretender ser una mayoría aplastante que quizás no somos, ni esconder la enorme proporción clase media que compone a la oposición. Somos una minoría descomunalmente grande que se aproxima a la mitad de la población, y por ende estamos en todo el derecho de exigir, entre miles de cosas, que se nos deje de excluir de ese pueblo al que pertenecemos, y que el beneficio de la mayoría (si es que pueden llamarse beneficios) deje de derivarse de la expoliación de nuestros derechos.

William Bracamonte-Baran

@BracamonteBaran

19 II 2014